Pilatos le preguntó: ¿No hay, pues, verdad sobre esta tierra?
Y Jesús dijo: Mira cómo los que manifiestan la verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra.

viernes, 1 de noviembre de 2024

El Mercado Central


Para mi era la guerra.
Cuando yo aún no estaba escolarizado, mi madre me llevaba con ella a comprar al Mercado Central de Zaragoza. Los gritos de los vendedores, los olores, el suelo lleno de restos sólidos y líquidos...

Miles de mujeres con carros y capazos avanzaban caóticamente de puesto en puesto como panzer alemanes arrollándolo todo, incluyéndome a mi.

Mi madre luchaba a muerte en cada puesto, por cada alcachofa, por cada manzana, por la carne. Pedía una cantidad de aquí o de allá, discutía la calidad, discutía el precio.

En los alrededores del mercado estaban los alpargateros, los cesteros, los cordeleros, los que vendían ropa, todos gritando. Cada compraventa se discutía a muerte.

Volvíamos a casa en un autobús cutre, lleno de gente, dando botes porque el camino era de tierra, lleno de charcos misteriosos porque no había llovido en meses.

Ahora, al Mercado Central van los turistas y salen admirados de la arquitectura, pero también de la limpieza, el orden, y la calidad y presentación de los productos.

La foto antigua está tomada de la página web del mercado, y debe ser de aquella época. La nueva es del día del Pilar.



domingo, 6 de octubre de 2024

En el centro de salud.

Tenía unas pruebas médicas pendientes y en el ambulatorio me ha atendido una chica joven, una sustituta.

- Su médica de siempre se ha jubilado, así que hasta que venga alguien nuevo le ira atendiendo quien toque.

Ha evitado los términos técnicos, y me ha explicado que tengo el corazón "desacompasao". Yo conocía el "corazón partío" de Alejandro Sanz y el "corazón espinao" de Maná. Pero ¿desacompasado? ¿Como un mal cantante de boleros?

- Pues no sé en qué medida debo preocuparme.
- No, no se preocupe por eso, porque es perfectamente posible que se muera por cualquier otro motivo.
- Bueno, me quedo mas tranquilo. Aunque la verdad es que no había pensado en morirme...todavía.
- Claro, claro, era una manera de hablar.

Le he dado las gracias y bajando las escaleras he tenido la sensación de que faltaba algo. Al final he caído: Faltaban las risas enlatadas. 

La vida es, como la concebía Balzac; una comedia por entregas. Aunque el desenlace siempre es trágico.

En varios puntos del centro de salud, han pegado el cartel que puede verse en la foto. Tiene su guasa.



lunes, 30 de septiembre de 2024

YA (CASI) NADIE DA NADA.

 


Creo que sería allá por el año 2000. Una abuela entró con una niña en la Caja de Ahorros y se dirigió a la empleada.
- ¡Dile al director que salga un momento!
- Hola Antonio. Mira, esta es mi nieta. ¡Dale algo!
El director sonrió, abrió un armario y le dio a la niña unos lápices y un estuche. La abuela era mi madre y la niña era mi hija.
En 2008 llegó la GRAN CRISIS y se jodió la costumbre de dar cosas. Ni los bancos dan cazuelas, ni los supermercados tostadas con fuagrás, ni las empresas cesta de navidad. Muchas pescaderías ya ni dan el perejil.
Hablando de dar y de perejil, hace un mes me sorprendió en el buzón un folleto de una inmobiliaria que incluía un sobre con semillas. Lo sembré y el resultado actual es el de la foto.
Está bien. Menos da una piedra.

domingo, 15 de septiembre de 2024

En La Habana Vieja.

Nos recogimos pronto porque el huracán ya estaba encima. El hotel era un antiguo convento de monjas reconvertido en alojamiento modesto. Gruesos muros, ventanas mínimas, habitaciones grandes y vacías, camas muy altas y un toque de lujo: ruidosos ventiladores de pie repartidos por todo el establecimiento. El calor era insoportable.

Tras la cena se desató afuera un infierno de viento y lluvia. Mi esposa se fue a intentar dormir, y yo me acodé en la barra del bar junto al único parroquiano que había; el policía del hotel. Un hombre menudo, con un bigotillo ralo y aspecto cansado. Estuvimos tomando cervezas, que pagué yo.

No hay día bueno, me contó. Vivo lejos, y con el huracán no puedo volver a casa. Esta mañana, en mi barrio no había electricidad ni gas. Hemos hecho el desayuno quemando un leño.

En unos sofás dispuestos en ele, dos chicas cubanas tonteaban con dos españoles maduros. Una de ellas vino hasta el policía y sin hablar le dio unos billetes hechos un canuto, que él se guardó en un bolsillo sin revisarlos. Sonreí. 
- ¿Una buena propina?
- Si fuera todo para mi...

Estuvimos charlando hasta tarde. Nos quedamos solos. Los tórtolos debieron irse a alguna habitación. Bien entrada la noche, di la mano al policía y me fui a dormir.

La mañana siguiente nos levantamos tarde. El huracán ya había pasado, recogimos las cosas y fuimos a hacer el checkout.
En recepción, pregunté a la empleada si el policía había podido volver a casa sin problemas.
La chica me miro inexpresiva y respondió con ese tono declamatorio oficialista cubano:
- Disculpe, señor, pero sin duda está Ud. confundido. En este hotel no tenemos ningún policía.
Asentí, recogí los pasaportes y nos fuimos.

Ordenando unas cajas con papeles he encontrado un Granma de aquellos días y me he acordado del policía que no existió. 


martes, 10 de septiembre de 2024

Mimetismo

 


¿Es mi aspecto? ¿Mi forma de vestir?

Si voy al Corte Inglés, me toman por dependiente. Cuando voy a un hospital me toman por sanitario. Incluso esperando el metro la gente me pregunta a mi, aun cuando hay un par de empleados con uniforme unos metros mas allá.

Creo que la primera vez fue hace años, en un establecimiento termal. Yo esperaba junto a las taquillas a que saliera mi esposa del vestuario.  La gente empezó a preguntarme cosas y cuando quise darme cuenta ya había atendido a media docena de personas.

A veces me disculpo y respondo que no trabajo allí, otras cuando sé la respuesta ayudo a quien me pregunta. Pero entonces es peor porque llegan nuevos preguntadores.

El sábado fui al museo de Ciencias Naturales. En la entrada informé a unos turistas sobre los tickets, dentro indiqué a una señora la situación del lavabo. Luego, una monitora con unos niños me pidió que les explicase algo sobre los fósiles y no supe negarme. Empecé con los trilobites y los amonites, y cuando llegamos a los dinosaurios el grupo había crecido tanto que sentí que se me iba de las manos. Les invité a explorarlo por si mismos leyendo los carteles.

Hoy he ido a mi médico de cabecera. Hemos terminado los dos en su lado de la mesa revisando los análisis de otro paciente. Pinta mal.


P.D. Mi gratitud a la ilustradora, que ha hecho el trabajo entre lactancia y lactancia

martes, 3 de septiembre de 2024

Desde mi ventana

 


Es septiembre, Barcelona.
Nublada está la mañana.
Hoy no abre el Mercadona,
no se ve en la calle un alma.

Hay un vecino somardo,
que tiene un perro somardo,
que sale al balcón y ladra.

De repente un alboroto:
Cotorras cabecirrojas
vienen al almez y graznan.

El tercer grado me agobia,
si hay suerte y me lo levantan,
me voy al pueblo ipso facto.
La ciudad se me atraganta.

lunes, 12 de agosto de 2024

In memoriam



Se llamaba José Sada, pero todos le conocían como el Tio José. Corta estatura, denso pelo blanco, cabeza gorda y potente voz de barítono. Era uno de los 6 ú 8 carpinteros que mataban las mañanas de los domingos charlando en una chopera, a la orilla del Ebro. Yo tendría unos 10 años, y mi padre me llevaba con él a aquellas tertulias.

Aquella mañana de enero había helado por la noche y la niebla no terminaba de levantarse. Encendieron una hoguera y varios de ellos la atizaban de vez en cuando con un palo. La conversación iba de días buenos y malos, y el Tio José contó su “día mas feliz”:

Fue -explicó- un día de mucho frío, como hoy. Estábamos en el frente de Teruel y llevábamos semanas o puede que meses, acosados por la artillería y la aviación, avanzando y retrocediendo, recogiendo los muertos que eran muchos, malcomidos, llenos de piojos, agotados.

En uno de aquellos avances me alcanzó un tiro en una pierna. Me echaron en una camilla y me llevaron a retaguardia. El primer sanitario que vio la herida dijo:
- ¡Chaval, para ti se ha acabado la guerra!

Ese fue el mejor día de mi vida, y aquella frase la más bonita que me han dicho nunca.

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En aquel mentidero de carpinteros, yo aprendí rudimentos de política (eran antifranquistas) y de filosofía. Sobre esto último, el Tio José repetía a menudo:
Tan mala es la abundancia como la escasez.
Frase que pide mármol, y muy de actualidad en nuestros ricos países occidentales.