Pilatos le preguntó: ¿No hay, pues, verdad sobre esta tierra?
Y Jesús dijo: Mira cómo los que manifiestan la verdad sobre la tierra son juzgados por los que tienen poder sobre la tierra.

lunes, 31 de marzo de 2025

Historia de una piedra

 


El tío Aquilino era uno de esos hombres recios que da el secano aragonés. Un labrador fuerte, achaparrado, de rostro congestionado.

Tenía un talento único para tirarse pedos, nunca se vio estruendo igual en toda la comarca. Tanto es así, que atemorizaba al ganado y espantaba a las caballerías. Hacía espectáculo de esto último cuando coincidía con otros llevando las mulas al abrevadero, provocando risas y algún cabreo.

Estaba casado con doña Leonor y no tenían hijos. (Obsérvese la diferencia de tratamiento; él era el tío Aquilino y ella doña Leonor).
Un día, no volvió a la hora de comer. Su esposa se alarmó y salieron a buscarle al campo. Lo encontraron muerto, caído de bruces en una acequia, con la cabeza en el agua. Por causas naturales, dijeron.

Años después, siendo yo adolescente fui con mi familia a visitar a la tía Leonor, que era realmente tía de mi padre. Abrió un cajón y me dijo:
- Te voy a dar una cosa.
Sacó un pequeño trapo negro en el que había envuelta una piedra curiosa.
- ¡Mira, es una piedra de rayo! Aquilino le tenía mucho aprecio y la llevaba siempre, siempre en el bolsillo.

Teniendo en cuenta la forma en que había palmado el tío Aquilino, ya en aquel momento yo me olí que como amuleto de la suerte aquella piedra tenía carencias.
Por supuesto agradecí el regalo y la verdad es que siempre le he tenido gran aprecio. Imaginé por su forma que era un diente de dinosaurio y la guardé como un tesoro.

Pero resulta que es un hacha neolítica, tallada y pulida hace unos 7000 años, y el tío Aquilino se llevó a la tumba el secreto de su procedencia, si es que él lo sabía.
¿Fue un hacha de guerra? ¿Habrían matado a alguien con ella? ¿La encontró en un yacimiento? ¿En alguna tumba?

A lo mejor ha pasado siglos de bolsillo en bolsillo tenida por "piedra de rayo", pensando que trae suerte. Quizá sean ya varios, o muchos, los que han pasado a mejor vida con la piedra en el bolsillo. Yo la guardo en un cajón. Por si acaso.

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